Recreaciones históricas

A todos, paseando por castillos o callejones, cascos históricos y monumentos artísticos, nos ha asaltado el viejo deseo, el sueño inmemorial: si las piedras hablaran... esas piedras, que nos traen recuerdos de las andanzas de grandes señores o de gentes del pueblo de otras épocas; de historias que inundan nuestra memoria colectiva.

En los últimos años, nosotros, enamorados de nuestra historia y de nuestra cultura, casi hemos podido hacer hablar a las piedras. Porque las recreaciones históricas se han convertido en una especialidad de nuestra compañía. Desde microespectáculos sobre leyendas y tradiciones de una comarca, para un actor; hasta megaespectáculos para muchos actores, músicos, extras del pueblo o ciudad (de a pie o de a caballo), danzarines, acróbatas, niños de los colegios. Espectáculos previstos quizás para un día, pero que muchas veces perduran a lo largo de varios años.

El teatro es, en definitiva, materializar sueños, corporeizar ideas. Y jugar a vivirlas de verdad. Ponerle cara y voz a Julio César, o a un misterioso nigromante en mitad de su conjuro; componer un romance sobre un truculento suceso de una localidad, o hacer que el Cid entre con su Babieca y su Tizona por la plaza del pueblo entre espectadores en pantalón corto.